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lunes, 8 de abril de 2013

No se conformó con imágenes: buscó su verdadera esencia



Por Juliana Duque Hernández

Fiestas, viajes, licor, rumba, ¿eso es todo lo que se piensa de la labor de un artista y su equipo de trabajo? Christian Hernández, un publicista de 24 años, de la Universidad Pontificia Bolivariana cuenta cómo es la experiencia de tratar con artistas de alto nivel y que su vida “color de rosa” es un simple tabú que creamos juzgando un tipo de vida “fácil”.

Elegante, buen mozo y con una presencia impecable, así se presentó a la entrevista realizada en el Hotel Diez del Parque Lleras, en la ciudad de Medellín, donde también se realizó el nuevo video del artista con el que trabaja actualmente.

“Soy publicista, trabajo con artistas del género del reggaetón. Hago el papel de manager, mejor dicho, de manejador. El manejador de un artista trabaja toda la parte de mercadeo e imagen; busca, como se dice vulgarmente, pegar la música del artista y hacer que llegue a los rincones más escondidos de Colombia y el mundo”.

Durante la entrevista se sintió relajado, no tuvo escrúpulos a la hora de responder, y con una invitación a un “juguito”, su gran pasión, hizo nuestra charla más amena.

“Tengo un equipo de trabajo. Yo soy el manager, o sea la cabeza principal del equipo; sigue el road manager, quien anda para arriba y para abajo con el artista en los conciertos y encargado de llevarlo a los sitios que quiera; el Dj, que se encarga de tocar y poner las pistas en el momento de los shows; y un corista. Eso como equipo básico. Cuando los shows son más grandes, contamos también con bailarines”.

Mientras hablábamos recibió varias llamadas, de las cuales contestó solo una, al parecer importante, que por el semblante de su cara y ciertas respuestas parecían ser buenas noticias; se disculpó y seguimos con las preguntas.

“La verdad es un trabajo muy variable. En esto nunca puedes bajar la guardia porque todo el tiempo la competencia está sacando productos nuevos, y quieren también avanzar al nivel que uno está, o incluso hasta más”, afirmó Christian.  
 
Quien también aseguró que aunque hay días que se puede relajar más, todo el tiempo tiene que estar pendiente de la estrategia y de cómo estar ejecutando las tácticas para que la música se “pegue”.

“Tienes que estar constantemente hablando con emisoras, con los medios, asistiendo a entrevistas, buscando publicaciones en revistas, periódicos, etcétera. Ocupa todo el tiempo y más aún los fines de semana que son los días en los que se tienen los shows, casi siempre en la noche, en discotecas, lugares públicos, entre otros”.

Esa respuesta me hizo recordar, que tuve el privilegio de acompañarlo a un concierto y ver el show desde el backstage. Se oye bien, pero no tan bien cuando lo ves.

“En todo esto hay un equipo de pre-producción que se encarga de buscar los lugares, las modelos, el maquillaje y que se encargan de tener un guión preparado. También está el equipo de producción y de post-producción, porque se busca siempre la perfección a la hora de la puesta en escena. Para todo se necesita un trabajo previo”.

Desde que llegó a la locación no pudo quedarse quieto, fue de un lado a otro, habló con diferentes personas para asegurarse que todo estuviera bien. Gotas de sudor se veían caer por su rostro.

“Para los conciertos en el momento de la suscripción del contrato, nosotros siempre mandamos un rider técnico. Ahí especificamos todas las cosas que necesitamos para realizar nuestro show. Eso viene siendo desde el transporte, pasando por la alimentación del artistas y del equipo de trabajo; también como debe estar el camerino, si debe tener agua, de pronto algunas veces energizantes o en otros casos licor. Todo es para que el artista se sienta siempre bien y dé lo mejor de él en cada show. Si las exigencias no se cumplen, hay cláusulas que protegen al artista”.

Se montó a la tarima antes del show, a cuadrar con el Dj las pistas y en qué orden sonarían, las bailarinas ensayaron su coreografía para que todo saliera tal cual lo habían planeado, el corista hizo prueba de sonido, solo así se dieron cuenta que ya estaba todo listo para el show. Lo duro apenas comenzaba.

“Tengo la oportunidad de conocer lugares depende del tipo de viaje. Quizás hay partes en las que de pronto no nos interesa mucho conocer porque sabe uno a lo que va, pero otras veces uno pone los vuelos que sean más temprano para salir un rato a conocer, de pronto comer algo y ya por la noche alistarnos para el evento”.

Para el manager y su equipo de trabajo casi siempre los shows son entre doce de la noche y dos de la mañana lo que les deja el día libre. Sin embargo, a veces “se llega, está el club de fans, están los medios, entonces hay que hacer entrevistas y eso también agota mucho. Muchas veces salimos de ahí y para el hotel a dormir hasta la hora de ir a trabajar”.

¡Y comienza el show! Christian, desde un punto clave, observa y vigila cada detalle, que cada miembro del equipo esté haciendo su trabajo, que todo esté saliendo como debe ser.

“Yo comencé esta carrera musical con Alberto Style. Trabajé en el tema Si te toco y Te imagino, esos fueron los principales éxitos que yo “pegué” a nivel nacional e internacional. Seguido a eso, trabajé con Nicky Jam y su canción Piensas en mí, que suena alrededor del mundo; en este momento estoy con Cheka.”

Con simples gestos y ciertas miradas va expresando su satisfacción, por medio de señas les dice a los de staff si alumbran al artista, si el Dj le baja a la pista o si las bailarinas dejan que se le enfoque solo al cantante.

“Tenemos un nuevo sencillo que es el que se está promocionando; se llama La descontrola, ese se lanzó hace un mes a nivel nacional, hace ocho días se sacó el video y ha tenido muy buena acogida. Ya está en el top 100 nacional y aspiramos que siga subiendo. Cheka tiene más que todo temas clásicos como Nadie sabe, Amor bandido, Cuando todo va mal; es un artista con mucha trayectoria, además tiene una ventaja, es productor y maneja muy bien las voces. Él produjo temas como Dale don dale de Don Omar y La biografía de Zion y Lennox”.

A medida que va trascurriendo el concierto, el semblante de Christian se va relajando, e incluso muestra una pequeña sonrisa y en algunos momentos canta la letra de las canciones.

“Alguna vez me entró curiosidad cuando vi una noticia de Juanes y de Shakira, que decía que su manager era un publicista de no sé qué universidad y me empezó a crear la duda como en ese cuento. Entonces comencé a investigar cuales son las ventajas que tiene un publicista para ejercer ese papel: conocer el mercado, saber de mercadeo, saber de imagen, saber cómo se vende un producto, entender el público objetivo y tener claro cuáles son las ventajas que tiene dicho producto para ofrecer”.

Además Christian afirma que “fue un proceso largo y duro llegar hasta aquí, porque yo arranqué con artistas que gracias a Dios ya tenían su trayectoria, pero igual estaban renaciendo, volviendo a comenzar. Entonces fue un proceso complicado, porque son artistas por así decirlo, con resabios, que de pronto mucha gente no vuelve a creer en ellos; y trabajar en su imagen para que vuelvan a surgir es un trabajo complicado y requiere de tiempo y mucho esfuerzo. ¡Pero gracias a Dios he sido muy agradecido!”

Mira hacia el público, sonríe y le da una señal de aprobación a todos los que están detrás del performance.

“Realmente a mí siempre me ha gustado la música, desde pequeño me gustaba, pero llegué a este medio por casualidad. Yo comencé trabajando con empresas, manejándoles la imagen, haciéndoles gestión y promoción a los productos, y un amigo mío que estaba estudiando comunicación social en ese tiempo, comenzó a trabajar como road manager de Alberto Style y llegó a decirme que necesitaban un label de un Cd y pues eso era algo como muy básico y me ofrecí a hacerlo; a partir de ahí empezó una relación de trabajo. Ya querían que empezara a trabajar con la imagen, a montar una empresa, y yo me fui metiendo por los laditos porque me empezó a gustar el cuento y terminé siendo el manager. Alberto vio mis capacidades, mi forma de expresarme, de negociar, la forma en que yo distribuía la música, que establecía estrategias y tenía claros los objetivos; entonces le gustó y empezamos a trabajar, gracias a eso está el éxito de Te imagino.

El concierto termina, felicita al artista y se dirige al camerino con él para conversar un rato, saber cómo se sintió, que le faltó o que propuestas tiene para que todo sea mejor cada vez.

“¿Que si he tenido encuentros con algún artista? ¡Sí claro! Todos somos seres humanos y en cualquier momento hay alguna discusión o puntos en los que uno tiene diferencias, con los que uno no está de acuerdo, pero casi siempre buscamos la mejor forma para resolverlos. También debe haber una relación de amistad más que de trabajo, pues así uno trate al artista como un “producto” hay que entender que no es un “producto” como tal”, dijo Christian.

Él sabe que a veces es complicado “somos demasiado impredecibles, y más porque es muy diferente vender un producto el cual uno sabe que siempre va a ser igual y no va a tener una variación alguna, que si se dañó, es por problemas técnicos, pero tú no te dañas, tu naces así, entonces es lidiar a veces con temperamentos y con personalidades que de pronto lo llevan a uno a tener estrés por algunas cosas y a hacerlas de una u otra forma.”

Todos se arreglan para irse a sus casas a descansar, satisfechos de un trabajo bien hecho y continuar con sus labores a la mañana siguiente.

“Mi proyecto a futuro en este momento es Cheka, estoy muy enfocado en ese artista y quiero seguir avanzando en el género urbano. Tener mucho más reconocimiento como manager, como manejador de artistas”.

Al finalizar la entrevista, de vuelta en el Hotel Diez, quise preguntarle de manera muy discreta sobre qué había tratado la llamada de hace un rato. Inmediatamente se tornó incómodo, trató de medir las palabras y fue muy reservado y precavido con lo que dijo.

“A ver… realmente es algo delicado, pero cualquier artista, y ya sabes de quien estoy hablando, de hecho que ya ha pasado, artistas que han estado envueltos en problemas así por el estilo. Tengo claro que él es una persona inocente, e incluso próximamente sé que van a dar buenas noticias respecto a ese tema. Pero sí…como la idiosincrasia de Colombia que es el narcotráfico, hay artistas que viven de hacer shows en ese tipo de espacios, en este caso fue en una finca y quedó involucrado en algo que no tuvo nada que ver, pero bueno, así son las cosas”.

En ese momento supe que estaba hablando del cantante Alberto Style y sus recientes problemas con la justicia. Por sus palabras y su precaución al decirlas, me di cuenta que a su trabajo no solo le invierte tiempo de su vida, sino que le mete el corazón.

“Sonambuleando” por la radio


Por Diana María Osorio Posada

Alguna vez leí que “escuchar radio es un hábito tan saludable como leer libros, con la ventaja de que no se gastan los ojos”.

Me quedé pensando en eso y sentí curiosidad. Curiosidad de ver si la radio de hoy es como aquella que yo escuchaba en el bus del colegio a las 6:00 a.m., en un Sony miniatura; ese que me ahuyentaba el sueño en las mañanas y aliviaba el tedio de los trancones de Cali, con ese sol de las 3:00 p.m. entrando por la ventana.

Hablo de la radio que nos hacía reír a quienes sintonizábamos La Mega cuando llamaban a hacer esas “pegas” mañaneras tan entretenidas. De la radio de “Juan Bracitos”, de “Insomnia”, de Aerosmith y Maná, y quizás algún hit de Chichi Peralta o Rubén Blades. Hablo de la radio que abandoné ingratamente y sin ningún dolor con la llegada del Discman, el MiniDisc, el MP3 y el iPod.

¿Qué será de ella? Hoy en día la escucho contadas veces al año: en algún taxi o… sí, creo que sólo cuando me subo a uno de esos carros amarillos, y eso, si el radioteléfono o el chofer lo permiten. Entonces me surge esa duda: ¿por qué ya no me gusta la radio? ¿Será por la incomodidad de tener que darle vueltas a esa ruedita para ir de una emisora a otra hasta encontrar algo que me guste, o darle “scan” al radio del carro hasta que caiga en algo bueno? O quizás es la rabia que recuerdo que sentía cada vez que llegaba tarde a mi canción preferida y no tenía cómo repetirla.

Sea lo que sea, la mejor manera de averiguarlo es escuchándola de nuevo. Supero un miedo repentino de encontrarme con puro reggaetón y locutores que parecen obreros o mecánicos, diciéndole a toda la que llama “mi amor”, entre otras cosas. El experimento me anima.

Me encierro en mi cuarto y entonces recuerdo que no tengo radio. Desde aquel Sony miniatura nunca más volví a tomar uno en mis manos. Gasto tiempo inútilmente buscando el último Discman que me regalaron mis papás hace ya varios años, de esos que tenían radio incorporado y hasta control de volumen en los audífonos.

Afortunadamente, antes de desistir, recuerdo la solución a todos los problemas de hoy: Internet. Me animo de nuevo, me siento en mi cama con el computador en las piernas y empiezo a digitar en Google “emisoras de Medellín”. Abro una página y me encuentro una lista de estaciones por ciudad, y de escuchar radio, paso a pensar en un viaje. Un viaje por Colombia a través de sus emisoras. ¡Eso es!

Pasadas las 11:00 p.m. del martes 30 de octubre de 2012, decido emprender esa aventura musical. Con una Coca Cola helada y dos paquetes de Natu-Chips al lado, hago clic en Barranquilla; así es, me voy para “La Arenosa”, esa ciudad que aún no conozco, pero que no olvido porque fue donde aterrizó el vuelo más miedoso que me ha tocado en estos veinti tantos años de vida.

Luego el cursor se va hasta Barranquilla Estéreo. “Dios mío, ¿será puro vallenato?” Pero no, era reggaetón. De repente, siento una desilusión apresurada, un pálpito que me dice que eso es lo que encontraré en todas las emisoras que visite.

Afortunadamente la canción, que obviamente no tengo idea cuál era ni quién la cantaba, termina rápido. Estoy a la expectativa, tomo un sorbo de Coca Cola y el viaje de media noche se pone patriota con el himno nacional. ¿Himno nacional a las 11:33 p.m.? ¿Eso de ponerlo a las 6:00 y a las 12:00 en punto ya pasó de moda? Como sea, mientras lo escucho es inevitable recordar a “Ublime”, y se me viene a la cabeza ese video que pasan por televisión, tan viejo y curtido.

Cuarenta y ocho oyentes muestra la página a esa hora y cuando creo que las trompetas y notas de nuestra canción nacional van a echar a algunos, tres más se suman a la lista. ¿Quiénes serán esas personas? Intento imaginármelas, pero nada se me viene a la cabeza. Eso sí, con seguridad ningún desocupado, queriendo viajar por el país recorriendo emisoras y comiendo porquerías a media noche.

Cuando miro hacia mi escritorio tratando de ubicar el Ibuprofeno de 800 mg para quitarme el dolor de cabeza, empieza la primera turbulencia: Diomedes Díaz. Es como si me quisieran dar el impulso que me hacía falta para llegar a la mesa y tomarme esa pastilla, de color anaranjado, de una vez.

Como buena terca, me aguanto pensando que el dolor se pasa solo. Pero Barranquilla Estéreo y su repertorio no ayudan. Tres canciones seguidas de Diomedes. 

Definitivamente los aterrizajes en la capital del Atlántico parecen estar destinados a ser un desastre para mí. Ya la vena del costado derecho me palpita y pienso “suficiente”.

Estoy a punto de escoger otro destino, pero llega Rubén Blades a salvar la noche. Suena “Amor y control” a las 11:49 p.m. y mi ánimo se fortalece de nuevo. Ya por lo menos la vena palpita al ritmo de una de las canciones de salsa que más disfruto escuchar. Al final, decido quedarme un poco más; total, es un experimento y no puedo tirar la toalla a la primera canción que estalle mis oídos.

Una hora después de mi llegada a “La Arenosa”, abandono la emisora habiendo escuchado de todo un poco: Guayacán, Don Omar y una tanda de desconocidos que sólo pude identificar gracias al letrerito que aparecía debajo de los botones: Nino Segarra, Martín Elías, Champeta Colombiana y Grupo Bananas.

La terquedad regresa y me dice que debo explorar otras opciones. Después de la tortura de Diomedes, quiero algo conocido, un lugar donde me pueda sentir como en casa. Al ver la imagen de La Mega siento un alivio, una felicidad; como diría el “cuenta huesos”: “así como cuando” uno se va a otro país por bastante tiempo y de repente encuentra un restaurante de comida colombiana. Al final, me queda la sensación que deja un mal servicio o un mal plato. La Mega ya no es lo mismo, la dañaron. O bien, lo que me dañaron fue el ánimo y la paciencia con tanto vallenato.

Tras escuchar a un tipo de acento español hablar sobre cosas paranormales, decido irme a Los 40 Principales. Un par de canciones en inglés reivindican la noche, pero pasada la 1:00 a.m. decido salir corriendo de Barranquilla con un horrible reggaetón.

Buscando el polo opuesto, decido mudarme al frío de Bogotá. Empiezo por esa misma emisora y encuentro la continuación de esa canción que me sacó a patadas de la casa de la selección de fútbol. Definitivamente parece que en cuestión de radio soy muy ignorante. Yo pensé que aun siendo la misma emisora, cada ciudad pasaba un contenido diferente, pero no, o al menos en la madrugada no es así, y lo confirmo cuando migro a La Mega.

Cartel Paranormal; así se llama el programa en el que hablan de psicofonías. Comentan sobre fantasmas y espíritus. Luego, llega Jonathan Rodríguez, un invitado, experto en ángeles. "Todos tenemos entre 12 y 16 ángeles. Hay una luz que es el ángel más cercano, el guía. Tenemos hasta un cirujano que se encargade reparar nuestros chacras", dice él, mientras el locutor lo interrumpe con preguntas.

Mi incredulidad me hace migrar de nuevo y llego a Radio 1. Ahí completo dos horas de viaje que parecen diez. Entre salsa y vallenato, al final suena “Balada Boa”, canción con la que me despido alegremente de la capital y empaco de nuevo para irme a mi ciudad natal, “ La Sucursal del Cielo”.

Busco entre todas las emisoras una que parezca muy local y me encuentro con Cali de Rumba. Mi intuición no me falla. Hago clic y de inmediato empieza a sonar una salsa que me remonta a las rumbas en Juanchito. Cierro los ojos y se me vienen puras imágenes de bailarines profesionales haciendo gala de sus mejores movimientos en antros de la ciudad.

Hombres y mujeres de ropa colorida y brillante bailan en mi cabeza al ritmo de claves y timbales que sobresalen sobre el resto de instrumentos. Y entonces, me siento en casa. Mis dedos, inconscientemente, comienzan a llevar el ritmo de las canciones sobre el computador.

Al final, después de media hora, empieza esa “salsa romanticona”. Esas canciones que generalmente tienen videos “mañés” o “boletas”, como diríamos en Cali. Con los ojos a media asta y los efectos de la Coca Cola bastante disminuidos, decido abandonar esa ciudad donde, además de amigos y buenos recuerdos, dejé a la mitad de mi familia.

Regreso a Medellín pasadas las 2:00 a.m. con un cansancio que simula un viaje real. Un par de canciones de reggaetón en una emisora local marcan el final de esta travesía de más de tres horas por diferentes estaciones del país.Al final, cierro la página con cierta duda. Mi cuarto queda en total silencio y cierro los ojos intentando buscar conclusiones.

Finalmente, creo que la radio es la misma. La que cambió no fue ella, sino la música, que ha evolucionado en ritmos que a mí particularmente no me gustan. Ritmos y nuevos géneros que me sacaron corriendo de algunas de las ciudades que visité con tantas expectativas, pero que a su vez mantienen a miles o millones de personas conectadas diariamente.

Hoy, después de más de tres horas deambulando por la radio nacional, creo que definitivamente escucharla es uno más de esos hábitos saludables que no acogeré en mi vida. Que se quede como un simple recuerdo de aquellos que guardo gratamente; que se quede como lo que finalmente es: un experimento, una travesía, un viaje que al menos en un futuro próximo no pienso repetir.